Diario de una vida

Diario de una vida
Lo que he aprendido hasta el día de hoy...

domingo, 28 de agosto de 2011

Camino sembrado de rosas

Lo que hago o quiero hacer parece imposible, pero sé que, de alguna manera, no lo es.
Que persigo algo que parece inalcanzable, fuera de mis límites, pero mis límites pueden expandirse o superarse. Que solo sueño despierta, que mis sueños en la noche traspasan la frontera de las horas de dormir, para llegar a exaltar enormemente mi imaginación, que solo son cosas que me distraen, pero quien no sueña, no tiene sueños que cumplir, no se pone metas a superar. 
Y si, mi sueño es loco, parece imposible, o al menos muy difícil, no puedo obtener ninguna pista que me diga si voy por el camino correcto o no; tengo el apoyo de algunos buenos amigos, pero tampoco pueden hacer mucho por ayudarme y, aún así, he decidido que lo voy a lograr, seguiré por este camino sembrado de rosas con espinas, por este camino laberíntico matizado con la niebla de la duda, y de la impotencia. Porque no puedo hacer demasiado, pero tampoco puedo hacer poco. Tengo que analizar cada paso, y remendar cada error si es que es posible, y si no, continuar con abismo profundo a mi espalda.
Y es que se trata, al final, de arriesgarse. Por ahora sólo mido cada paso que doy, procurando que sea silencioso. Pero, tarde o temprano, tendré que atreverme a salir de la niebla de la duda, y tomar una decisión riesgosa, que puede acabar con una linda amistad, o empezar algo más lindo que una amistad. 
Mientras tanto, a disfrutar del camino, del aroma de las rosas, de su color y textura. Porque por estar entre rosas, bien vale la pena aguantar unas cuantas espinas.

domingo, 14 de agosto de 2011

Cuando una persona se convierte en inspiración...

Por un comentario casual de un amigo, he decido leer nuevamente "La fuerza de Sheccid". Leí ese libro hace mucho tiempo, y apenas me acordaba de él. Quizá cuando lo leí por primera vez no estaba lista para comprenderlo, ni siquiera a la segunda vez. Es una linda historia, pero no lograba identificarme con el protagonista. Ahora sí, un poco más, pero no del todo. Sólo que reconocí sus actitudes como conocidas para mi. Otro amigo mío me hizo ver lo que el libro trata de explicar: la misteriosa fuerza de superación, cuando te gusta o quieres a alguien tanto que se vuelve tu motivo de inspiración, una razón para superarte, para ser mejor cada día. 
Pues bien, dentro de ese libro, hay otra historia, además de la principal, que lo ejemplifica y lo complementa:



Un hombre cayó prisionero del ejército enemigo. Lo metieron a una cárcel subterránea en la que descubrió un mundo oscuro, sucio, lleno de personas enfermas y desalentadas. Poco a poco se fue dejando vencer por el maltrato hasta que, por azares del destino, la hija del rey visitó la prisión. La princesa árabe era extremadamente hermosa, y su nombre era Sheccid. Fue tal el desencanto de la princesa, que suplicó a su padre sacara a esos hombres de ahí y les diera una vida más digna. El prisionero se enamoró de ella y, motivado por el sueño de conquistarla, escapó de la cárcel y desplegó una compleja estrategia para superarse y acercarse a ella. Comenzó a superarse hasta que logró trabajar en el palacio como consejero del rey; pero nunca le declaró su amor y ella se casó con otro de sus pretendientes.

Quizá la historia parezca triste, pero es perfecta para ejemplificar todo esto.
Una persona se puede convertir en inspiración para escribir, para superarse, para ser mejor persona. Puede ser gracias a ella que proviene toda la inspiración, que nos impulsa a hacer las cosas más bellas, a tratar de ser mejor cada día. Es una gran fuerza motivadora, que siempre estará para ayudarnos. 
Pero también puede ser utilizada erróneamente, si nos lamentamos por el amor de la persona que no nos corresponde, que no está a nuestro lado, si lo usamos solo como excusa, o pretexto, para caer en la depresión, o en alguno de los muchos vicios nocivos para cualquier persona. 

Y quiero usar esta fuerza para bien, para mi propio bien. Lo he hecho durante todas las vacaciones, sin entenderlo completamente (y ni siquiera estoy segura de entenderlo al 100% ahora); sin embargo, lo poco que sé y entiendo, es que el bien o el mal que haga con esa fuerza es sólo para mi, por eso quiero que sea algo bueno.
¿Y el motivo de mi inspiración? Por ahora, se mantiene ajeno a todo esto, pero no importa. 
Pues también he decidido que este lindo, tierno y hermoso sentimiento es mío, y no me lo puede quitar nadie; que lo debo de sentir completamente y, una vez sintiéndolo profundamente sólo es necesario demostrarlo. Que es el amor por mí misma de donde debe partir todo esto, y sólo así podrá salir al exterior, a llenar MI mundo de luminosidad y de color. Y, quizá, también el de él.

martes, 9 de agosto de 2011

Aprender de la vida

Cada día es una nueva lucha, un nuevo desafío a vencer. Cada día es una nueva lección, un día de aprendizaje, una enseñanza de vida.
Al ver mis diplomas: de promedio, de concursos de composición o de matemáticas, y sobre todo, de lima-lama, me doy cuenta de cuánto he avanzado, cuánto me he superado. Y así como dijo Socrátes hace muchísimos años: "entre más sé, sólo sé que no sé nada".
El conocimiento es tan amplio....independientemente de la escuela, de las creaciones artísticas, o de los deportes, la vida misma es una escuela. Aprendes con el ejemplo, con las experiencias y la orientación. Así que cuanto más hallas vivido (sin importar la edad) es lo que aprendes y lo que sabes. Tal vez no haya gente que lo reconozca, no haya diploma o felicitaciones, pero quien debe reconocerlo eres tú mismo. Y las experiencias que da la vida no se compran, se cambian o se escogen, son sólo para vivirla. Aprender de tus errores y tratar de no cometerlos igual.
En cada lucha, en cada desafío hay que ganar, asimilando la lección y aprendiendo lo que nos enseña la vida.

Bajo el cielo azul, un momento de inspiración


Miro al cielo mientras pienso en ti,
tratando más que nada de recordarte,
después de tanto tiempo sin verte.
No me preocupo en demasía porque son vacaciones
y sé que te volveré a ver,
y tampoco porque podemos platicar a veces.
Me preocupo aún menos porque me mantengo ocupada,
apartando de mi mente tu recuerdo,
divirtiéndome, distrayéndome.
Pero existen momentos como este, de absoluta paz,
en los que me detengo a pensarte,
preguntándome si también piensas tú en mi.
Por ahora, nada mejor que esto:
un lindo paisaje deslizándose frente a mis ojos,
y tu imagen flotando en mi mente,
no como un fantasma o un simple recuerdo de alguien,
sino como lo que eres:
un lindo amigo que recuerdo a menudo
y del que quisiera ser algo más.